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Demostrando la manera de tu escape
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Padre, estás delante y detrás de mí, a mi lado, allí donde me veo a mí mismo y dondequiera que voy. Estás en todo lo que contemplo, en los sonidos que oigo y en cada mano que busca la mía. En Ti el tiempo desaparece, y la idea del espacio se vuelve una creencia absurda. Pues lo que rodea a Tu Hijo y lo mantiene a salvo es el Amor Mismo. No hay otra fuente que ésa, y no hay nada que no comparta Su santidad, nada que se encuentre aparte de Tú única creación o que carezca del Amor que envuelve a todas las cosas dentro de Sí. Padre, Tu Hijo es como Tú. Hoy apelamos a Ti en Tu Propio Nombre, para estar en paz dentro de Tu eterno Amor.
Eres lo que valoras.
Tu realidad es establecida por las cosas que estimas.
Cuán extraña es esta Verdad elevada: al final, siempre
pierdes las cosas que más estimas porque las estimas con
el fin de perderlas. De esta manera estimas la muerte, y mantienes intacta su realidad.
Matas las cosas que amas por temor al regreso del amor. Mientras tengas en gran estima la mortalidad seguirás siendo mortal.
¿Cómo puede lo mortal conocer la inmortalidad?
Lo mortal carece de fuente. Carece de significado.